Qué es el benchmarking y cómo se aplica

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A la hora de desarrollar nuevas estrategias que busquen potenciar el crecimiento de una empresa, los momentos iniciales requieren de mucho estudio y análisis del mercado, prestando especial atención a la competencia y sus acciones.

El benchmarking es un concepto clave en este aspecto, por lo que es preciso conocer su definición, principales tipos y métodos de aplicación.

Qué es el benchmarking

El benchmarking es una técnica basada en el estudio de la estrategias y acciones llevadas a cabo por parte de los competidores, con el fin de replicar o adaptar alguna de ellas y sacar rendimientos positivos. Se suele emplear cuando una compañía del mismo sector acapara gran parte de los clientes, o bien ha experimentado algún crecimiento reciente en sus ventas.

Si una empresa de la competencia tiene mejores resultados, es probable que estén gestionando mejor su proceso de ventas. La atención al cliente, los canales, la publicidad o la calidad del producto son algunos de los factores donde pueden destacar sobre el resto, y el benchmarking se encarga de identificarlos para generar nuevas oportunidades de negocio.

Esta estrategia se ha popularizado notablemente en todos los sectores de actividad, ya que supone una herramienta muy útil para conocer la situación actual del mercado. Además, contar con información sobre las acciones de la competencia permite identificar con mayor claridad las oportunidades de negocio, facilitando la adaptación de las estrategias y los procesos internos.

Cuáles son los tipos de benchmarking 

Ahora que sabemos qué es benchmarking y su importancia en el mundo empresarial, pasaremos a analizar sus tipos.

Benchmarking interno

En este tipo de benchmarking, la comparación se hace dentro de la propia empresa, analizando los diferentes equipos o departamentos y sus resultados. Con ello, se pretende estudiar los procesos que se hacen de forma correcta y los que no, para corregirlos y optimizarlos.

Para comprenderlo con mayor detalle, un ejemplo de benchmarking interno en una empresa lo podemos encontrar cuando detectamos resultados muy positivos en el departamento financiero, pero no en el área de producción. En este caso, identificaríamos cuáles son los procesos exitosos en el primer departamento y qué falla en el segundo, con el fin de corregirlo y obtener el mismo rendimiento.

Benchmarking competitivo

El benchmarking competitivo es el más reconocido y utilizado por las empresas a nivel internacional. Consiste en realizar un estudio comparativo entre los competidores directos del sector, para comprobar que la empresa está realizando prácticas y estrategias efectivas en función de las tendencias y necesidades del sector, todo ello con el fin de optimizar los procesos y mejorar la calidad de los productos y servicios.

Benchmarking funcional 

El benchmarking competitivo es muy similar al funcional, con la única diferencia que este último amplía su margen de búsqueda a competidores indirectos u otros sectores de actividad. La principal finalidad de este tipo de benchmarking consiste en detectar procesos o acciones que puedan suponer una mejora para la empresa en el medio y largo plazo, e implantarlas para mejorar el rendimiento.

Benchmarking genérico 

Es un proceso parecido al que vimos en el apartado anterior, pero en este caso se analizan procesos operacionales concretos, aunque sigan sin centrarse en algún área de actividad o sector determinado. Simplemente, se analizan los procesos más utilizados y efectivos en grandes y pequeñas empresas, con el fin de estudiar su posible aplicación dentro del negocio.

Cómo se aplica el benchmarking 

La planificación del benchmarking depende de los objetivos que se plantee la empresa a la hora de emplear esta herramienta. Además, el tipo de benchmarking a utilizar también influirá en el proceso, por lo que no existe un método generalizado para toda estrategia de benchmarking. Pese a ello, podemos identificar cuatro fases que deberían ser imprescindibles para que esta tenga éxito:

  1. Planificación. La fase inicial es clave, ya que en ella se tienen que definir los objetivos a alcanzar con el benchmarking y los competidores con los que se quiere realizar la comparación. Si estas decisiones no son correctas, condicionarán todo el proceso y se obtendrán resultados indeseados.
  2. Acción. Ahora que ya sabemos a quién mirar y qué información buscar, es el momento de pasar a recopilar datos y analizar las actuaciones de la competencia.
  3. Control. Cuando la información está reunida, es el momento de estudiarla con profundidad y analizar todo lo que pueda ser relevante a la hora de cumplir los objetivos estipulados en el primer paso.
  4. Actuación. En este punto ya deberíamos conocer cuáles son los procesos a mejorar o las acciones a implantar, por lo que solo falta introducir los cambios en cuestión con el fin de mejorar la productividad y los resultados de la empresa.

 

El benchmarking es, sin duda alguna, un proceso muy valioso para cualquier tipo de empresa, independientemente de su tamaño. Permite analizar la situación actual del mercado y estudiar a sus competidores, con el fin de optimizar los procesos y adaptarse a las tendencias con éxito.

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